Fauna Periodística XIV. Fueron periodistas

Cuenta la leyenda que una vez asistieron a ruedas de prensa; dicen que se sentaron en las incómodas y anónimas sillas de las redacciones, incluso hay quien afirma que antes de hacer del traje y la corbata su uniforme oficial, acudían a su puesto de trabajo como uno más, sin destacar, siendo un simple periodista. Se han visto fotos que lo atestiguan, textos que pasaron a mejor vida en las hemerotecas, vídeos que dejan entrever sus manos sosteniendo micrófonos antes de que asieran entre sus dedos a un puñado de plumillas a los que manejar. Cuentan que un día fueron periodistas.

 

Su agenda no la marcan los políticos, ni los actos institucionales (a no ser que sean de alta graduación), ni las grandes empresas. Su día a día está trufado de reuniones que a la postre marcarán el devenir de la empresa, del medio al que representan. Han dejado de ser periodistas para convertirse en meros mercaderes de información, de espacios en los periódicos, de horas en antena. Alrededor de una mesa dirimen cuestiones políticas y, sobre todo, económicas. Ya no trabajan para sacar noticias a la luz, las compran y las venden a precio de saldo, de entrevista o reportaje.

 

Subastan las portadas al mejor postor, aunque a veces la vocación que un día les hizo escoger esta profesión se les cuela sin remedio y, desastre, dan una noticia. Sin embargo, demasiado a menudo anteponen sus intereses personales, o los de “su empresa”, al deber de informar.

 

Tienen amigos en todos los charcos y se cuidan de que salgan guapos en la foto, que no se vierta ni una crítica, que no haya nigún listo que les plante una pregunta incómoda. Hay mil formas de contar una misma verdad y ellos prefieren la florida e inmaculada. Nada de mala prensa. Sólo para quienes se lo merezcan (o no).

 

Pero su talento vive de las rentas, de aquel buen juntaletras que destacaba, no por su olfato en el negocio, sino por su acierto en la redacción, por su buen hacer en lo periodístico. Y así es como su nombre sobrevive ligado a la fama de ser un periodista brillante, cuando lo cierto es que su pluma se ha emponzoñado con las (malas)artes del mercado.

Fauna Periodística XIII. El apoltronado, por Juan Luis del Pozo

Es un honor para mi inaugurar el espacio de colaboraciones en el blog con este texto de Juan Luis del Pozo, más conocido en los ámbitos “tuiterianos” como @__Willy_ . Me hace especial ilusión que se trate de un retal más de Fauna Periodísitica y, además, que venga de una persona ajena a mi círculo de amigos. Me explico. No se trata de una colaboración premeditada ni de un favor entre colegas; responde más bien a las ganas de seguir conformando ese mundo paralelo lleno de caricaturas de esta nuestra profesión, un guiño espontáneo que agradezco a Willy y que espero no sea el último.

Pasen y disfruten de una nueva entrega de Fauna. Las loas y los agradecimientos, al autor. 

Es muy raro llegar a verle fuera de su cueva. Se siente mucho más seguro al tener delante la pantalla de un ordenador que sirve de barrera entre su hábitat natural y el resto del mundo que tan solo puede acceder a él a través de las facilidades que hoy nos da internet. Será seguramente el trato con la gente y la posibilidad de que algún rebelde impertinente le formule alguna pregunta incómoda lo que le lleva a un aislamiento social en el que dice vivir perfectamente y no necesitar mucho más.

Todo el mundo lo conoce pero seguramente no por sus apariciones en ruedas de prensa. Es el periodista de sillón. Ése que no levanta el culo de la silla si la ocasión no merece realmente la pena y no le proporciona, de paso, un par de contactos nuevos o la posibilidad de encararse con aquel que osó poner en duda su credibilidad, y lo hace sólo en actos a los que se le invita directa y personalmente; las ruedas de prensa son para el resto, no van con él. La información, más hoy en día, fluye con rapidez y nada se le escapa a nuestro intrépido amigo, que siempre consigue saber lo que tiene que decir sin preocuparse de enterarse realmente y de primera mano de lo ocurrido. Se atreve incluso a sentar ciertas cátedras pues la información veraz no puede, en ningún caso, hacerle perder esa exclusiva que piensa que tiene.

Será quizá ese aislamiento social lo que le hace buscar noticias en muchas ocasiones donde no las hay. Es mejor inventar que contar lo mismo que los demás y su trabajo termina siendo más literario que periodístico para conseguir distraer a sus lectores con retóricas vacías y el afán de maquillar la noticia que copia al compañero de turno. No contento con eso se dedica a colaborar con varios medios lo que hace pensar que estamos ante una fuente de imaginación inagotable que puede convertir la noticia de agencia en tres diferentes y parecer que en cada una se dice una cosa distinta.
Y cuidado, según fuentes oficiales lejos de ir a menos cada día hay más…