El artículo que nunca podré escribir

Muchos de ustedes habrán oído alguna vez hablar  del miedo del escritor – y también del periodista- al folio en blanco. Ese pavor de no saber qué escribir, cómo empezar, qué camino tomar para llenar de líneas negras, de palabras encadenadas con un cierto orden y concierto, el pálido lienzo para que, al final, ustedes disfruten de un relato, se enteren de una noticia o reflexionen junto al autor de un determinado tema.

Pero hoy vengo a hablarles de otro miedo: el miedo a escribir, el pánico a poner negro sobre blanco todo lo que alguien debería dejar impreso, que conste en acta, que pase a sus manos y lo guarden como advertencia, iluminación o, si quieren, como mera pataleta. Hay muchos temas de los que no se puede escribir en este mundo, este país, esta comunidad. Hay demasiados artículos que nunca podré redactar. Hay palabras que es mejor confesar sólo a quien se reconoce buen amigo tuyo… y ni siquiera entonces hay señal ninguna que garantice que nadie “se irá de la lengua”.

Estos días se han oído voces críticas con despidos de periodistas, con maneras poco éticas y dineros que se saltan siempre la generación del redactor. Advertencias de hacia a dónde nos puede llevar esta tendencia de precarizar el cuarto poder, alarmas que saltan cuando un trabajo tan digno e importante como es el periodismo se ve amenazado por el mercantilismo y la crisis actual. Pero aún en esas críticas se intuye miedo.

Han puesto al lobo a cuidar de las ovejas; se erigen en defensores de la profesión quienes más la corrompen; tienen el valor de mirar a la cara a unos profesionales que día a día pasan por el aro si no quieren formar parte de los cinco millones de parados que llenan las calles del país… ¿han visto? Ni si quiera yo, en esta parcelita de libertad que internet me brinda, puedo hablar claro. No podré criticar nunca de forma rotunda al poder, sea cual sea, sea quien sea. Ni aún teniendo razón. Ni con datos de la mano. Habrá que “templar”, no ser rotundo, no “cerrarse puertas”… “ser inteligente”.

No podré escribir jamás de todo esto porque aspiro a seguir escribiendo.