Urracas con traje

¿Se han fijado alguna vez en las urracas? Sí, hombre… son esos pájaros gritones y molestos que se están adueñando de nuestras ciudades. Ocupan, cada vez de forma más preocupante, el lugar de aquellos gorrioncillos pequeños, rechonchos, simpáticos… que a lo más que se atrevían era a acercarse a diez metros cuando les tirabas una miga, un triste resto del bocata de la merienda. Pero el pájaro grande “se comió” al chico. Ahora lo que se lleva es ese gran pajarote negro y blanco, de mirada siniestra y casi amenazante… nos invaden las urracas.

Pero, ¿se han parado a observar a este curioso animal? Suelen ser pájaros solitarios… una pareja a lo sumo, como si desconfiaran entre ellos. Acechan en lo alto de los árboles y se precipitan con total descaro sobre su presa. Su plumaje puede dar lugar a error: blanco y negro, como los trajes, como esa vestimenta de etiqueta que se exige en los actos de alto postín. Negro el cuerpo y blanco el pecho, así como descubierto.

Intentan andar guardando la calma, con aparente elegancia, un paso detrás de otro… ni siquiera son graciosos como los gorriones, con esos saltitos tan garbosos. No. Lo suyo son las zancadas, una detrás de otra, mientras su ojo negro y brillante no se aparta de ti.

No se engañen. En el fondo son aves de rapiña, pájaros que esperan a devorar lo que se acumula en las cunetas. No tienen arrestos suficientes para matar ellos mismos. No. Aguardan a que alguien les haga el trabajo sucio.

Aquel traje al que se asemejan las plumas de las urracas recuerda a muchos otros que llenan los medios de comunicación estos días. Al igual que ese despreciable y molesto pájaro, nos observan en la lejanía, graznando de vez en cuando, clamando nuevas medidas de ahorro. De verdad… ¿no es de urraca exigir a los trabajadores indefinidos renunciar a parte de sus “privilegios”? Mismo traje, misma mirada, misma costumbre: que los maten, que los maten otros… que yo recogeré su cadáver. Pero su ambición no acaba ahí; los graznidos vuelven a molestar, la urraca pide desde lo alto de su inalcanzable árbol, ese que le da la oportunidad de ver más que los demás y estar más seguro que el resto, que los trabajadores indefinidos “hagan ese esfuerzo por los desempleados”. Claro. Han de ser los medios jodidos los que echen una mano a los cadáveres que vienen. Nada de bajar un par de ramas, ni hablar de descender de las alturas… Así, con aparente elegancia, un paso detrás de otro, nos lanzan en una lucha fratricida de la que pretenden sacar rédito, alimentarse de la carroña que quede en la cuneta.

Rebajar sueldos, flexibilizar el mercado de trabajo, “quitarnos privilegios”somos ese conejo que cruza la autovía y queda aplastado contra el asfalto… somos el alimento muerto y putrefacto de la urraca.

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Fauna Periodística XXI. Soy periodista. Soy teleoperadora, por Lidia Cossío

Lidia Cossío se ha arrancado por fin y ha decidido colaborar con este humilde blog. Ella también cuenta con un rinconcito en la blogosfera –De chotis y bocata de calamares– pero ha tenido a bien poner una pieza más en ese puzzle interminable que es la Fauna Periodística. Aquí os dejo su entrada en la que, sin duda, muchos se verán reflejados. Un placer.

Hace un tiempo les pregunté a mis padres que qué es lo que iba diciendo que quería ser de mayor cuando era pequeñica. Yo pensaba que sería algo como veterinaria, cantante famosa, mujer con mucho dinero… Pero no, desde mi más tierna infancia he querido ser periodista.

A los 18 empecé con la carrera de Periodismo, luego hice un máster, trabajé gratis y no gratis… En fin, todas estas cosas que se hacen con aspiraciones a llegar a algo. Siempre me he decantado por la radio. Me gusta hablar, comunicar. Y, por fin, he accedido a una de las nuevas ramas del Periodismo: soy teleoperadora de ventas. ¡Y cada día somos más!

Os aseguro que es un trabajo estupendo y está muy de moda y demandado por parte de periodistas entusiastas. En mi empresa ya somos 8 plumillas los afortunados. Es una profesión en la que, además, tocas todos los palos de esta nuestra profesión.

Una de ellas es la de ser un poco paparazzi. No sabéis la de veces que me han amenazado con denunciarme por acoso. También hago periodismo de investigación. Indago y profundizo en la vida de las personas que están en posición de ataque cada vez que las llamo. Esta es una parte bastante dura pero a la vez bonita y que te hace crecer profesionalmente.

Hago entrevistas. Mantengo conversaciones realmente interesantes con los posibles clientes. Algunas señoras me cuentan hasta historias de cuando la guerra. Recibos críticas intensas. No a todo el mundo le tiene que gustar mi forma de trabajar. Eso es algo con lo que tiene que vivir todo periodista.

Informo y comunico de forma objetiva, comparando y contrastando fuentes. Explicar un producto de forma clara, concisa y sencilla. Estas son tres premisas clave en la profesión periodística.

Pero aquí también hay intrusismo y más del que os creéis. A los periodistas nos quitan nuestro trabajo. No sabéis la cantidad de personas que hay en mi empresa que ni siquiera tienen estudios que se parezcan lo más mínimo a nuestra profesión. El hecho de llamar, comunicar, informar y escuchar las críticas de los que te escuchan… ¡Esto es verdadero periodismo!

La verdad es que no podría estar más contenta. Mis compañeros periodistas, muchos procedentes de grandes medios de comunicación que están pasando malas rachas, también están encantados de poder trabajar seis horas seguidas atendiendo a personas que no quieren escucharte.

A todos los periodistas: dejad vuestros trabajos en radios, periódicos, gabinetes, teles y demás medios que se han quedado anticuados. ¡Lo que mola es ser teleoperador!

Menos mal que estudié periodismo. Pensaba que nunca podría dedicarme a mi vocación, tal y como están las cosas, pero he sido una afortunada. Está claro que he nacido con una flor en el culo.