Yo (nos) acuso

Yo te acuso, a ti, Periodismo de alfombra roja y corbata brillante, de haber cavado tu propia tumba. De haber traicionado tus ideales, esos que, si eres un poco espabilado aprendes en la Universidad, pero que si te pasas de listo, olvidas a la primera.

Yo te acuso a ti, pluma al servicio del poder, de prostituir las páginas de los diarios que antaño señalaron la senda de la Democracia; de bajarte los pantalones y dejarnos al resto con el culo al aire delante de mandamases y poseedores de báculos fetichistas.

A ti, prosa que engaña y grita sólo cuando muerden la mano de tu amo, a ti te escupo la verdad a la cara, a ti te digo que sólo tienes cojones con los pequeños, con los humildes, con los que callan. A ti, que te las das de garante de la verdad, de pasaporte de la democracia, de agitador de conciencias, cuando sólo llegas a envoltura de poca monta.

Yo te acuso de haberte vendido al mejor postor, de no defender los muertos teñidos de negro, de perder la dignidad para no molestar en el piso de arriba. Te acuso de callar ante las injusticias, de disfrazar al rey que va desnudo, te acuso de la mierda que tragamos cada día.

Recuerda, cuando la sociedad te dé la espalda asqueada de tu doble juego, cuando nadie confíe en el negro sobre blanco, cuando los de abajo te ahoguen desde otras tribunas, que hubo un tiempo en que tuviste la oportunidad de denunciar, defender y pedir cuentas y tú, simplemente, miraste para otro lado.

Y por último, me acuso de no hacer nada, de tragar, de no moverme, de gritar poco y mal. Yo me acuso de cómplice por omisión, de cobarde por acción. Nos acuso, a todos, de divisón y cainismo, nos acuso de ponérselo fácil. Yo… nos acuso.

A veces el periodismo

Puede que esto sea lo que llaman un momento dulce; es probable que, aún sin tener ninguna razón de peso, parezca que todo te sonríe. No hay más lujos que el de una caña con los buenos amigos ni más satisfacción que el de ver que aquellos que confían en ti ciegamente lo siguen haciendo a pesar de los pesares. En ocasiones, la vida se reduce a una terraza, un cigarro y una buena conversación.

Derroteros que te llevan a reírte de las desgracias, a echarte una carcajada en la cara misma de quien te putea. A veces, la mejor venganza es bailar sobre los cristales sin importarte las heridas, mirar a los ojos de quienes no ven más allá que los trapos y las delanteras rellenas de mediocridad. Espetar cuatro verdades al aire sin esperar que nadie responda, darte contra un muro y patearle con saña en la grieta que se agranda.

En ocasiones, la vida te regala personas, momentos y experiencias que sin ser extraordinarias, te cambian la vida, el color de las gafas, el semblante otrora serio. Ya no apetecen ni los portazos, ni las lamentaciones… a veces sólo tienes ganas de disfrutar de tu pequeña parcela de grandeza, darte la satisfacción de saber que no entienden las subordinadas, que las esdrújulas se les escapan, que nadan sin cansarse en la superficie de todo.

Aventurar un guiño a cincuenta kilómetros de distancia, una manopla gigante, un gintonic con sabor a confesión. Decirle a los demás lo que llevas tanto tiempo repitiendo en tu interior, presumir de esfuerzos, adivinar orgullos. Sentirte parte de algo, un ladrillo más de un muro que pretende aguantar a otros tantos, una pieza en un puzle en el que nada sobra. Dibujarle a la vida un ‘qué carajo’, pagar una entrada y ver el espectáculo. Saber de una cosas que ni una sabe que sabía.

Ha venido a visitarme el fantasma de la paciencia, el que te susurra al oído que ese día llegará, que algún día saldrás de tu escondrijo. Me ha enseñado a reciclar, a reutilizar lo aprendido, a encauzar el talento desaprovechado, a arrimar el hombro con una pluma y un simple tintero. He aprendido a aprender, a olvidar lo inútil, a apuntar lo malo para pasar factura con recargo… he olvidado olvidar.

A veces el periodismo deja de doler.

“No podemos seguir ejerciendo el periodismo con miedo”, 21doce

Esta semana ha echado a andar un nuevo proyecto dentro de la Asociación de la Prensa de Valladolid. La publicación on-line elTintero nace con la vocación de convertirse en el foro donde los periodistas vallisoletanos puedan compartir sus experiencias, reflexiones y, por qué no, protestas. Para el primer número, he tenido la suerte de hablar con Tania Ruiz y Sandra Estévez, dos magníficas profesionales que un buen día, tras ser despedidas de su trabajo, decidieron echar el resto y levantar 21doce, una empresa de comunicación.  Os dejo un aperitivo de la charla que mantuve con ellas. El resto… en elTintero.

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Se acercan hacia mi con paso decidido; vienen hablando entre ellas, probablemente sobre la reunión que acaban de tener con uno de sus clientes. Aún no me han visto y por eso su gesto es todavía serio. Por fin se produce el encuentro y Tania Ruiz y Sandra Estévez ya sacan su natural espontaneidad y simpatía a relucir. Un último cigarro se impone antes de subir a la oficina que desde hace meses se ha convertido en su centro de trabajo. Desde ella, 21doce camina con fuerza hacia el éxito, un proyecto que lleva por nombre la fecha en la que fueron despedidas, toda una declaración de intenciones.

 Beatriz S. Olandía.- 21doce es la experiencia profesional que habéis puesto en marcha tras vuestro despido hace ya casi dos años… ¿pero qué es exactamente 21doce?

 Sandra Estévez.- Somos un gabinete de comunicación externo para empresas pequeñas que no se pueden permitir tener un servicio de prensa todos los días. Hacemos notas de prensa, les buscamos hueco en programas y gestionamos su presencia en la redes sociales, pero todo con mucha calidad. Pretendemos que aunque se trate de lo más mínimo tenga calidad, que esté bien escrito y que las imágenes también sean buenas. A los medios de comunicación les damos la información mascada porque sabemos cómo lo quieren después de haber estado en ellos tanto tiempo. Y si algo no lo sabemos hacer, conocemos a quienes sí pueden llevarlo a cabo.

 Tania Ruiz.- Hemos descubierto que esto que nosotras hacemos se llama ‘outsourcing’, es decir, si yo no puedo hacer algo, tiro de profesionales que también necesitan esa oportunidad, como por ejemplo un fotógrafo para hacer reportajes de calidad, y se lleva su parte.

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