Nada que decir

shhh_silencioLlevo mucho días intentando no escribir esta entrada. No porque esté muy harta y vaya a empezar a repartir hostias a todo el que se lo merezca; ni porque haya sido objeto de ninguna situación digna de denuncia y escarnio público (al menos, nada nuevo); tampoco porque haya tenido una brillante idea que deba compartir ineludiblemente con el personal. No hay nada de eso. Más bien todo lo contrario. Es que no me apetece.

Lo dice alguien con un blog, ese extraño ser al que se le presupone impúdico por naturaleza, con una verborrea incontrolable y muchas ganas de ser aireado por la red. Y puede que sea así, que todo esto no sea más que una excusa para satisfacer mi ego periodístico -más grande de lo normal-. Pero nada, chico… que no me hace tilín. Al menos, no hoy, no esta semana ni este mes.

Total, ¿para qué? ¿Para seguir dando pena denunciando las mierdas que nos comemos los periodistas cada día? Eso ya lo saben ustedes. Y si no lo saben, rasquen un poquito a cualquier plumilla o, si eso, se dan una vuelta por los Faunas, adormilados de momento hasta que salte otra vez la libre de entre mis manos. Desde la última entrada en la que estaba cabreada con el mundo (periodístico), o la anterior, en la que hablaba de cómo nos absorben la vida y las ganas, nada ha cambiado.

He intentado, sin éxito con las musas, contarles por qué me gusta el periodismo de Jordi Évole, por ejemplo, y por qué siento la necesidad de aclararles cosas básicas para nosotros, los del mundillo, pero que a ustedes puede que se les escapen; cosas como que ese periodismo está muy bien, pero que hay que tener un sustento detrás. Que hay que tener un jefe que te permita hacerlo. Que hay que tener un equipazo que te respalde y ayude. Cosas como que a cualquiera de nosotros nos gustaría ser esa mosca cojonera en la sopa del tal o cual político… pero que desgraciadamente, no podemos serlo. Nos fumigarían en nuestra propia casa a la primera de cambio. A ustedes les gustaría, pero les aseguro que no tanto como a nosotros.

Me encantaría también hablarles del miedo. Algo les dejé escrito por aquí hace tiempo… pero ¿para qué? Si ya lo ha dicho todo el señor Reverte. Les dejo una reflexión que resume perfectamente lo que yo, torpemente, he intentado explicar en páginas y páginas: “Mira, chaval. Cuando lleves un bloc y un bolígrafo en la mano, quien debe tenerte miedo es el alcalde a ti”. Lo peor de esto es que este blog no lo lee quien lo tiene que leer. Y así nos va.

Debería hablarles también de el hartazgo, la soga al cuello, las lágrimas a las ocho de la tarde, las prisas y la jeta. Tendría que hablarles de quienes están tentados de tirar la toalla empapada en talentoso sudor; habría que poner encima de esta sucia mesa a la impunidad con la que se pasean ciertos personajes, meneando el culo en tu cara de póquer. Pero no tengo ánimo, que me repito. Ni ánimo, ni ganas, ni salero para colarles el tema de otra manera que no sea pareciendo una plañidera barata.

En fin… ya ven que no tengo nada que contarles.

Anuncios

Fauna Periodística XXIV. La desidia

Como cada 3 de mayo hemos celebrado el Día de la Libertad de Prensa. Llenazo en Valladolid.

Foto: Tomás Rodaja

Foto: Tomás Rodaja

  • Entre todos la mataron y ella sola se murió
  • Unos por otros, la casa sin barrer
  • Vete tú, que a mí me da la risa
  • Pedro y el lobo
  • En esta profesión cada uno va a lo suyo, menos yo, que voy a lo mío
  • Tenemos lo que nos merecemos
  • De aquellos polvos, estos lodos
  • ¿Y qué hay de lo mío?
  • Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros
  • El que quiera peces, que se moje el culo
  • Hoy por ti, mañana por mí
  • Todo lo tuyo es mío, y lo mío también
  • Cada perro que lama su pijo
  • Cada uno recoge lo que siembra