Lo que jode es el silencio

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Sabiduría popular

Hace poco participé en una charla sobre periodismo y literatura. Allí, preguntada por la independencia de los medios de comunicación, las presiones y la responsabilidad del llamado cuarto poder para con el resto de ciudadanos, contesté a los presentes con un “Hay que saber elegir muy bien las batallas que se libran, porque en un descuido, puedes una perder la guerra”. Sin embargo, por mi forma de ser, tiendo a salir al campo de batalla más de lo necesario; a veces me veo en medio de polémicas sin saber muy bien el motivo, arrastrada por un sentido de la coherencia que muchas veces juega en mi contra. No vengo a dármelas de nada, pero la educación en un colegio de curas ha dejado, entre otras marcas, que me acuerde muy a menudo de eso de “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”.

Entre esas cosas está el silencio, esa forma de otorgar muy a menudo que tenemos para escurrir el bulto y que no se nos vea el plumero. Callarse cuando a un compañero le están arreando hostias por hacer su trabajo; callarse cuando despellejan al de al lado por pensar, exactamente, lo mismo que tú. Callarse como forma de subsistir en un mundo en el que nos prefieren borregos.

Seguro que les ha ocurrido a ustedes, ese momento en el que alguien te aborda, generalmente con cara de admiración, y te suelta: “Ya te leí ayer en tuiter, la polémica con Fulanito… tienes toda la razón y todo mi apoyo”. ¿Me tomas por imbécil? ¿De qué me sirve que me apoyes en la intimidad de un pasillo, a salvo de miradas? ¿De qué me sirve esa palmadita en la espalda si luego callas? A mi lo que me jode no es que no me den la razón, ni que me lleven la contraria, ni que alguien tenga una opinión diametralmente opuesta a la mía. A mí lo que me jode es el silencio. Tenemos muchos huevos para firmar peticiones por internet, criticar al político que duerme a cientos de kilómetros de casa y recetar remedios contra la crisis, la del periodismo y las demás. Pero se vuelven canicas a la hora de la verdad, cuando al que están machacando es al de al lado. A mí, los héroes, sin capa, por favor.

Decía José Luis Coll: “Cuando guardo silencio, intento hacerlo sin ofender”. Y no se me ocurre mejor manera de gritar.

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