Mis caunadas

A Gene y a mi nos resbala todo...

A Gene y a mi nos resbala todo…

Dice una genial canción de los Beatles que ‘vivir es fácil con los ojos cerrados’. Mucho antes de que Trueba lo convirtiera en una magnífica y tierna película, a mi ya me daba qué pensar la frase de marras. Vivir de perfil, ignorando lo que ocurre a tu alrededor, pasando de los problemas de los demás porque tu cabeza sólo te da para pensar en los tuyos. Así es como interpretaba yo ese fragmento del Strawberry Fields Forever que escribió John Lennon. Que te resbalen los problemas, que la cosa nunca vaya contigo, que todo gire en torno a ti y a los pocos tuyos que te aguantan. Y qué jodido tiene que ser subsistir así.

En esta profesión, por desgracia, hay mucho personal que te enseña el costado cuando la cosa se pone fea. Por miedo, por cobardía -que no es lo mismo-, por comodidad o porque ya están hartos de enfrentar ciertos problemas. Sea por lo que sea, cada vez hay menos compañeros que deciden echarle un par y apretar los dientes.

Verán, por aquello del carácter que dicen que tengo, ese desentenderse del mundo lo llevaba fatal. Pero no sólo en la profesión. En todo, en la vida. Supongo que a mi me enseñaron a afrontar la realidad y los problemas con la cara alta. A veces se consigue y otras veces no, eso es cierto… aquí no hay héroes que valgan, no van por ahí los tiros. Pero cuando a alguien le meten los perros en danza y le erigen en portavoz o defensor de tal o cual causa… caramba, lo de quedarse solo no estaba en los planes. Que si vamos todos, vamos hasta el final. Y cuántas hostias solitarias nos metemos.

El tiempo me ha hecho -me está haciendo- darme cuenta de que cada uno es cada uno y sus caunadas; que no le puedes exigir al personal lo mismo que tú estarías dispuesta a hacer, porque nuestras circunstancias son diferentes, nuestros problemas son únicos… y porque hay tantas formas de ver la vida como personas rellenan este cochino mundo. Lo que para ti es una causa vital, para otro puede ser una chorrada capital; lo que para ti representa el ser o no ser, para otro es un quizás lejano.

¿Tragamos entonces con todo? Más nos valdría no hacerlo. Comprender o empatizar no es compartir, y nunca comulgaré con cobardes que tiran la piedra y esconden la mano. Esas personas que se esconden en la masa y, al quedar desnudos, optan por la sonrisa cínica y el peloteo. Pero habrá que hacer callo y aprender a vivir con ello. Eso sí, manteniendo los ojos bien abiertos, siendo plenamente conscientes de lo que nos rodea y el daño que nos puede hacer.