Fauna Periodística XXIX: Los Illuminati del periodismo: lo quieren todo y lo quieren ya

forgesHace unos días me topé en Twitter con un artículo sobre el mundo académico y la distancia que le separaba de las redacciones. Ya saben, la eterna discusión sobre si la universidad está a la altura o no de las expectativas y las exigencias del mundo laboral. Antes de abordar esa cuestión, que por extensión dejaré para futuras entradas, ya les adelanto que, al menos en España, esa distancia jamás terminará de ensancharse mientras el mundo académico no acepte que el periodismo es, básicamente, práctica. Las universidades viven encerradas en su mundo de cristal ignorando por completo las necesidades de los medios y, lo que es peor, empeñadas en hacer de sus planes de estudio, palabra de Dios. Pero esa es otra historia.

El artículo en cuestión llevaba por título “Cómo adaptar las escuelas y facultades de periodismo al cambiante mundo digital”, con lo que el objeto de estudio se concentraba en eso que algunos se empeñan en pintar como nuevo cuando no es más que el periodismo de siempre en otro formato. Seis profesores de periodismo aprovecharon la beca ‘Back in the Newsroom’ para visitar y trabajar codo con codo con los periodistas de algunos de los medios más prestigiosos de Estados Unidos (Wall Street Journal, USA Today, L.A. Times…) El objetivo de la experiencia no era sino comprobar los nuevos caminos que el periodismo está explorando y experimentando con el loable fin de llevar esa experiencia a quien en un futuro caminará por ellos, los estudiantes de periodismo.

Sin embargo, no puedo dejar de mostrar mi miedo y estupefacción al comprobar cómo algunas de esas conclusiones son, cuando menos, peligrosas para el periodismo y, lo que es peor, para otra serie de profesionales que ayudan a que la información, simplemente, llegue hasta ustedes. Ni más ni menos.

“El cambiante mundo del vídeo” Trabajo en la televisión y este capítulo me interesa especialmente. Parece ser que el periodismo camina hacia la extinción del operador de cámara y el editor de vídeo, competencias y habilidades que el periodista debería, según Michael Fairwell, profesor de la Universidad Claflin, manejar a la perfección. Los periodistas, pues, deberíamos ser capaces de producir vídeos de forma rápida y profesional. Es decir, asistir a una rueda de prensa y salir de allí con tu texto, tu idea de noticia, tu titular y tu pieza montada. El periodista como hombre orquesta que suple dos o tres puestos de trabajo con un mismo sueldo y que, además, lo hace de forma rápida. Realmente, un futuro prometedor del que el colega Rubén Negro ya nos dios buena cuenta hace meses: un periodista con una nula capacidad de análisis pero, ojo, capaz de montarte un vídeo en un tris.

“Atraer a la audiencia” Cuidado, porque nos adentramos en terreno pantanoso. Caminamos por la delgada línea que separa el trabajo de calidad de lo zafio y llamativo, el trabajo bien hecho, del trabajo pensado para atraer a espectador a toda costa. En el artículo se hace referencia de forma expresa a los titulares que, al parecer, han de ser atractivos visualmente. La realidad y la veracidad, ya tal. Este es uno de los mensajes más peligrosos que se puede lanzar a un futuro profesional, la idea de que su titular ha de llamar la atención por encima de todo, es decir, lo estético por delante de la realidad. Un titular, ante todo, debe ser veraz, contar lo más llamativo de la noticia, lo que no quiere decir lo más anecdótico. Un titular refleja la esencia de la noticia. Animar a elaborar titulares llamativos por sí mismos sin advertir inmediatamente después que por encima han de primar otras cualidades nos lleva a un periodismo vacío, simple y, lo que es más preocupante, rozando los límites de la veracidad. Y si no, que se lo pregunten a Juanjo de la Iglesia.

“No subestimes el teléfono” Cuando trabajaba en la radio era poco habitual, pero a veces tenías que echar mano del teléfono para entrar en directo y contar una noticia, hacer un avance de lo que luego contaríamos en el informativo e, incluso, cuando no había más remedio, mandar los denominados cortes (declaraciones) de una forma un tanto rudimentaria: pegando el altavoz de la grabadora al micrófono del teléfono móvil. Desde entonces, la ciencia ha avanzado que es una barbaridad, y ya contamos con dispositivos capaces de grabar ruedas de prensa enteras, editar audios y mandarlos con una calidad que ya quisieran muchos mini disc. Sin embargo, mucho me temo que la tercera receta de los illuminati del periodismo no va por ahí. Se refiere más bien a las fotografías: bye bye, queridos foteros. ¿Quién quiere una foto realizada por un profesional, en el momento justo y con calidad, cuando puede contar con una foto del móvil, movida, mal encuadrada y, probablemente, tirada en un mal momento? Hasta ahora, lo que sabemos es que un periodista ha de ir a una rueda de prensa a tomar notas, grabar un vídeo que luego editará y, ahora también, tirar fotos para mandarlas “inmediatamente” a redacción y ser publicadas en el momento.

Entiendo que las redes sociales poco menos que exigen al periodista un testimonio gráfico de lo que está haciendo, y desde ese punto de vista no veo problema alguno en colgar la típica foto testimonial del tipo “Radio X se encuentra en tal sitio con tal político”, a modo de aperitivo de lo que luego ofrecerás en tu informativo o programa. El problema viene cuando ese material gráfico sustituye la labor del profesional de la fotografía.

+Empezamos a ver, y a sufrir, fotografías de muy baja calidad en la prensa, imágenes que a todas luces han sido captadas con un dispositivo móvil y cuya idoneidad es muy cuestionable. Cuando abro un periódico espero encontrarme una labor profesional no sólo por parte del periodista, sino del fotógrafo también, y para ello es fundamental definir claramente las atribuciones y el trabajo de cada uno. Yo puedo colgar una foto en redes sociales a modo de testimonio, pero desde luego nunca podré sustituir la labor de un profesional que ha estudiado, trabajado y luchado por la fotografía.

Existe otra tentación, me temo, que es la de enviar a un redactor con un móvil y un palo selfi para, en un triple salto mortal, cargarse a la mitad del personal que trabaja en una televisión. De momento no lo tomo en serio, aunque es ciertamente dantesco pensar hasta dónde podemos llegar en la degradación de nuestra profesión.

“Abraza al matemático que vive en tu interior” Una de las primeras noticias que tuve que escribir para un periódico salió de una tabla excel y sudé la gota gorda para arrancar de aquellas cifras, decimales y gráficos de barras un titular potable. Lo conseguí gracias a mi jefe, un tipo paciente con aquella tierna periodista que no sabía por dónde se andaba. Los datos son nuestros colegas, nos dan una información que, a menudo, la administración de turno quiere ocultar y que estamos obligados a comprender y saber explicar al ciudadano. El periodismo de datos no es nuevo, aunque las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías han supuesto una auténtica revolución para este tipo de periodismo que, desde mi punto de vista, debería impregnar el trabajo de cualquier profesional en cualquier medio. La conclusión que en este caso lanzan los profesores del experimento es indiscutible.

Las conclusiones que arroja el estudio con claras e inquietantes: un periodista que haga de todo y en cuyo trabajo debe primar la inmediatez y lo llamativo. Creo que son conclusiones, cuando menos, peligrosas que no harán sino disminuir la calidad del trabajo de unos profesionales que deben, por encima de todo, contar lo que ocurre, sin mayores alharacas.