Veredicto: culpables

Clara Saavedra da voz en las siguientes líneas a lo que la gran mayoría de los profesionales de esta ciudad sintió, pensó y, en ocasiones, denunció tras la agresión sufrida por ella y otros compañeros de la prensa en medio de una protesta ciudadana. Se adelanta a todos nosotros para reclamar respeto a una profesión en la que todo el mundo vuelca sus iras pero que muy pocos están dispuestos a escuchar, conocer y entender. Pagamos en nuestras carnes los pecados de otros, somos nosotros los que recibimos la pintura. Esta es una denuncia necesaria, un desahogo que comparte toda la profesión y que tengo la suerte de presentar en el blog. 

“Señoría, soy inocente”. Es una frase que se ha usado demasiado en el cine, pero que a día de hoy podríamos gritar en nuestra profesión. El trabajo del periodista está sometido a diario a mil juicios, algo lógico teniendo en cuenta que nuestra labor es precisamente contar lo que pasa al mundo. Pero llega un momento que en ese juicio ha desaparecido nuestra presunción de inocencia. Se habla de que a todos los políticos se les mete en el mismo saco, que todos los partidos son iguales y, por si esto fuera poco, ahora los periodistas también somos clones.

Somos “esclavos del sistema” y “mentirosos”, o eso he tenido que escuchar esta semana. Y lo somos todos. Da igual la labor del día a día, que trabajemos en radio, en agencias, en un periódico, en la tele… Da igual, señores, somos “escoria”.

No importa que te pases horas intentando cerrar un programa en el que tengan cabida todas las voces. No importan las horas (sin cobrarlas) que dediques a un artículo o reportaje. Para muchos, somos culpables. ¿Y de qué? se preguntarán. Pues eso mismo me llevo planteando yo toda esta semana en la que a los medios de Valladolid se nos ha acusado de censurar y manipular lo ocurrido el pasado domingo día 2 a las puertas de la Parrilla de San Lorenzo. Comentarios que han llegado de todos “los bandos”.

Se habla de censura. Todavía estoy esperando que alguien me demuestre qué parte no ha tenido su voz en los medios locales. Otra cosa es que empecemos a llamar censura y manipulación a todo aquello que incomoda. Nuestra labor es contar lo que pasó, y en este caso, al existir varias versiones de lo ocurrido, dar voz a todos. Y si esas versiones no gustan, señores, no maten al mensajero.

No estoy negando la existencia de manipulación en los medios, pero no admito esa acusación, venga de donde venga, en este caso, y mucho menos hacia mi trabajo.

Estamos en un momento en el que se está creando esa visión de la prensa. Se nos pinta como soldaditos a sueldo de causas ajenas, manipuladores de información y lameculos del poder. Todos al mismo saco. No importa que no te hayan escuchado en la vida, que no te hayan visto en la tele, que no hayan leído ni un renglón tuyo. Llevas un micro, o una grabadora. Llevas la marca. Sólo por eso me he merecido volver de una manifestación hasta arriba de pintura y con un par de insultos en mi haber. Fue algún energúmeno, sí, pero alentado por todos aquellos que dejamos que sigan poniendo en duda nuestra profesionalidad. La de todos aquellos que estamos en la calle día a día, que damos voz a colectivos que no tendrían otra forma de darse a conocer, que nos “comemos” ruedas de prensa infumables, que cobramos una mierda, que intentamos hacer nuestro trabajo con conciencia, porque creemos que el periodismo, el de verdad, es la base de la democracia. No todos somos unos manipuladores, igual que ustedes no son todos unos corruptos o unos energúmenos.

Pero de esto, compañeros, también tenemos culpa nosotros. No podemos disfrazar de periodismo libre ciertos artículos más propios de un panfleto sindical que de un medio de comunicación que se ha colgado la medalla de ser independiente, y que ni siquiera ha llamado a todas las partes afectadas por la información. ¿Eso es periodismo? Yo en algún momento me he perdido…

Afortunadamente, pongo la mano en el fuego por muchos de mis compañeros, y puedo decir que en Valladolid hay muy buenos profesionales, aunque esta semana muchos se hayan dedicado a juzgarnos sin pruebas.

Su veredicto era claro: culpables. Pero no, no lo somos.

Fauna Periodística XXII: El primer empleo

A veces en esta cochina senda que el periodismo tienes la suerte de conocer a compañeros, y futuros compañeros, que dejan huella en tu día a día. Hoy tengo la suerte de presentar una colaboración más en el blog, unas líneas redactadas desde la desazón y el desánimo por una de esas compañías que el azar suelta a tu lado. La crisis se está cebando con el periodismo y, lo que es peor, está cercenando a toda una generación que se encuentra con un muro de hormigón armado compuesto de salarios irrisorios, condiciones leoninas y una competencia que asusta. Ella es Maje Muñíz, periodista de facto, que bien podría dar lecciones a muchos con callos en sus licenciadas posaderas. En ocasiones, al mirar a tu lado, dejas de preocuparte, porque el testigo de lo que quiera que estemos haciendo, está asegurado. Y de qué forma. 

fauna maje

Por cierto, la chica también hace fotos

A falta de dos aprobados para completar la licenciatura en Periodismo, con dos prácticas a tus espaldas de las que solo has aprendido algo en una de ellas, te pones a buscar trabajo. Trabajo, sí, porque eso de estar de becaria en una ciudad con dos facultades de lo tuyo (la universidad pública y la privada) donde cualquiera se pega por hacer las prácticas en el medio más sonado aunque no le den ni las gracias por ello es, por decirlo de alguna manera, la jungla. Ni os cuento desde que en Grado las prácticas son una asignatura más y, por tanto obligatorias.

Claro que ni te planteas pedir otras prácticas, aun suponiendo que fuese sencillo el proceso burocrático-universitario de pedir unas terceras para ponerte a prueba de verdad dentro de una redacción/plató/estudio de radio, algo que solo has pisado de refilón por otros motivos. Las ofertas que ves desde la plataforma del Área de Empresa y Empleo de la UVa te miran con ojos burlones desde su apartado de “Ayuda al estudiante: 0€”.

Al lado del ordenador, las facturas te ponen ojitos. Porque, claro, puedes ser todavía estudiante pero vives fuera de casa desde hace más de cinco años y una no se mantiene del aire, por mucho que lo respire trabajando gratis para cualquier medio que por no pagar, en ocasiones no pagan ni a los colaboradores de sus programas. ¿Quién va a querer contratar a nadie pudiendo mantener las cosas con becarios no remunerados o gente dispuesta a hacer de lo que podría ser un puesto de trabajo su hobby solo por “salir en la tele”?

Con las facturas ahí, haciéndote carantoñas, y la balda de la nevera con un paquete de tranchetes más solo que la una, empiezas a quitarte de cosas prescindibles hasta que pase el tirón de fin de mes, que se alarga ya hasta mediados. ¿Tomate con los macarrones? Para qué pudiendo comerlos solo con un toque de orégano. ¡Y esas calorías que te ahorras también! Pero, claro, llega el fin de semana y a ver cómo les dices a tus colegas que no puedes salir a tomarte una cerveza… Pruebas a ver si en el sitio al que vais ponen cortos, que es más barato.

Y te pones a buscar trabajo ya de cualquier otra cosa. De camarera, de teleoperadora, de azafata… Y en todos los puestos piden experiencia. La pescadilla que se muerde la cola. No tengo experiencia, no trabajo; no trabajo, no adquiero experiencia. Ni de lo mío ni poniendo copas.

Fauna Periodística XXI. Soy periodista. Soy teleoperadora, por Lidia Cossío

Lidia Cossío se ha arrancado por fin y ha decidido colaborar con este humilde blog. Ella también cuenta con un rinconcito en la blogosfera –De chotis y bocata de calamares– pero ha tenido a bien poner una pieza más en ese puzzle interminable que es la Fauna Periodística. Aquí os dejo su entrada en la que, sin duda, muchos se verán reflejados. Un placer.

Hace un tiempo les pregunté a mis padres que qué es lo que iba diciendo que quería ser de mayor cuando era pequeñica. Yo pensaba que sería algo como veterinaria, cantante famosa, mujer con mucho dinero… Pero no, desde mi más tierna infancia he querido ser periodista.

A los 18 empecé con la carrera de Periodismo, luego hice un máster, trabajé gratis y no gratis… En fin, todas estas cosas que se hacen con aspiraciones a llegar a algo. Siempre me he decantado por la radio. Me gusta hablar, comunicar. Y, por fin, he accedido a una de las nuevas ramas del Periodismo: soy teleoperadora de ventas. ¡Y cada día somos más!

Os aseguro que es un trabajo estupendo y está muy de moda y demandado por parte de periodistas entusiastas. En mi empresa ya somos 8 plumillas los afortunados. Es una profesión en la que, además, tocas todos los palos de esta nuestra profesión.

Una de ellas es la de ser un poco paparazzi. No sabéis la de veces que me han amenazado con denunciarme por acoso. También hago periodismo de investigación. Indago y profundizo en la vida de las personas que están en posición de ataque cada vez que las llamo. Esta es una parte bastante dura pero a la vez bonita y que te hace crecer profesionalmente.

Hago entrevistas. Mantengo conversaciones realmente interesantes con los posibles clientes. Algunas señoras me cuentan hasta historias de cuando la guerra. Recibos críticas intensas. No a todo el mundo le tiene que gustar mi forma de trabajar. Eso es algo con lo que tiene que vivir todo periodista.

Informo y comunico de forma objetiva, comparando y contrastando fuentes. Explicar un producto de forma clara, concisa y sencilla. Estas son tres premisas clave en la profesión periodística.

Pero aquí también hay intrusismo y más del que os creéis. A los periodistas nos quitan nuestro trabajo. No sabéis la cantidad de personas que hay en mi empresa que ni siquiera tienen estudios que se parezcan lo más mínimo a nuestra profesión. El hecho de llamar, comunicar, informar y escuchar las críticas de los que te escuchan… ¡Esto es verdadero periodismo!

La verdad es que no podría estar más contenta. Mis compañeros periodistas, muchos procedentes de grandes medios de comunicación que están pasando malas rachas, también están encantados de poder trabajar seis horas seguidas atendiendo a personas que no quieren escucharte.

A todos los periodistas: dejad vuestros trabajos en radios, periódicos, gabinetes, teles y demás medios que se han quedado anticuados. ¡Lo que mola es ser teleoperador!

Menos mal que estudié periodismo. Pensaba que nunca podría dedicarme a mi vocación, tal y como están las cosas, pero he sido una afortunada. Está claro que he nacido con una flor en el culo.

La hoguera

De nuevo tengo el placer de compartir con vosotros una  nueva colaboración. En esta ocasión Diego Manzanares reflexiona sobre la libertad de expresión y el linchamiento público en las redes sociales. Esperamos comentarios, alabanzas y demás peloteo. 

Hay tanto ruido ahí fuera que la gente ya no oye ni sus propias ideas. Un permanente murmullo de fondo que aturde conciencias y pensamientos. Gran parte de ese estruendo viene de las redes sociales y, muy concretamente, de Tuiter. Esa algarabía sin patrón de medida donde todo el mundo opina sin filtro. Y no me refiero a filtros físicos, sino a filtros mentales. La polarización ideológica de la población y la unificación de esas ideologías enfrenta de una manera tan cruenta a las personas que, en muchas ocasiones, asusta. Resulta chocante la aversión de mucha gente al debate y a la reflexión de ideas contrapuestas, optando –con gran violencia la mayoría de las veces-, por la descalificación o, directamente, por la vejación del contrario.

Pero las redes sociales, desgraciadamente, no son algo virtual, sino que trascienden al mundo real, a la sociedad. Y digo desgraciadamente por su vertiente negativa y no por la positiva, que también la tiene y que está dando sus frutos como bien hemos podido observar desde hace ya casi dos años a través de diferentes plataformas, casi todas ellas relacionadas con el movimiento 15-M. A esa vertiente negativa hay que añadirle su capacidad de persecución. Nunca antes habíamos estado tan expuestos política e ideológicamente de cara a los demás. Nosotros, voluntariamente, decidimos compartir con cientos o miles de usuarios nuestra propia opinión desde una libertad absoluta. Sin cortapisas. Sin intermediario alguno. Y, lo que de primeras puede parecer algo fantástico, incluso utópico, se limita automáticamente por la que voy a denominar “policía de Tuiter”.

La policía de Tuiter son aquellos individuos al servicio de su propia empresa o de quien les paga, o al servicio de su propia mezquindad humana. Son la gente que señala con el dedo acusatorio y que se encarga de que esa opinión sea leída o escuchada por el tipo correcto. Son la misma gente, en verdad, que vendían a su vecino a la Inquisición en los siglos XV y XVI en España, bien por ignorancia, bien por interés personal.

Pero para que exista ese tipo de escoria tiene también que existir otro tipo de oscuras personas en la sombra, personas con capacidad de influencia en los demás, con poder. Personas que, perfectamente, podrían haber trabajado al servicio de personajes tan viles como Torquemada, Hitler o el General MacArthur durante la época de la persecución comunista en los Estados Unidos. Están ahí, invisibles: cuidado con lo que escribes porque esa opinión podría ser peligrosa. De tus creencias puede depender, por ejemplo, la permanencia en un puesto de trabajo o en una futura búsqueda de empleo. En Norteamérica, en algunas entrevistas de trabajo se exigen las claves de tu cuenta personal de Facebook para poder avanzar en el proceso de selección. Y lo estamos asumiendo como algo lógico, inevitable.

Así que, finalmente, esa libertad de expresión que tan felizmente manifestamos –algunos-, no es tal. En unos casos debido a la polarización ideológica o, directamente, a la ignorancia del sujeto, que no le otorgan la capacidad suficiente para manifestar una reflexión válida. Y en otros, desgraciadamente, a la propia represión individual debido a la permanente vigilancia a la que estamos sometidos.


Fauna Periodística XIX. Los periodistas multimierda

Hoy es día de fiesta en el blog. Recibimos con los brazos abiertos la segunda colaboración. En esta ocasión, el gran @trapseia nos descubre otro espécimen de la fauna periodística que tantas líneas nos están haciendo parir, en la mayoría de los casos, sin esfuerzo (por lo fácil que nos lo ponen) pero con mucho dolor. Pasen y lean, con todos ustedes, el periodista multimierda. Amén.

 

El ideal de trabajador para una empresa de comunicación es la de un chico o chica inteligente, eficaz y capaz, rápido y sagaz, que tenga fuentes y acuda a citas informativas y encuentre el mejor enfoque mientras graba, escriba, edita y publica. 

Esa persona, ya les adelanto, no existe. Y no existirá mientras los días tengan 24 horas y el cuerpo nos pida dormir un poquito cada jornada. Aunque sea a 15 grados y sin calefacción.

Pero volvamos al ideal. Yo, persona jefa del holding, con lo que sueño es con que mi trabajador vaya a un evento con una cámara de vídeo y micrófono. Quiero que luego con ello haga un vídeo. Quiero que mientras esté produciéndose el evento tuiteé sobre ello. Quiero que mis anunciantes se vean satisfechos del producto final y del peloteo en el acto, llegado el caso. Quiero que mi empleado haga un texto que valga para el periódico, para el online, para las redes sociales y para Youtube. Y todo eso lo quiero para hace 5 minutos. Y todo eso lo quiero por un sueldo mísero. Y todo ello lo quiero sin que en su Twitter o Facebook haga un comentario insolente hacia la empresa. Ese es el periodista multimedia. Pero no existe.

Existen profesionales tremendos que tienen mi total admiración. Que graban, tuitean, escriben, sonríen y cobran una miseria y no tienen ni para calefacción ni para una caña con los amigos. Ellos son multimedia y tremendos, pero no son perfectos. No pueden serlo. Y ese ritmo se paga. Porque la primera enseñanza, hoy y siempre en el periodismo, es que la calidad cuesta. El profesional cuesta dinero. Su trabajo cuesta y el buen trabajo se ha de pagar. El periodista, a día de hoy, es un profesional enormemente castigado. Vilipendiado. Despreciado.

Pero no vengo a hablar del multimedia sino del multimierda. Y tengo un gráfico que define a ese tipo de sujetos.

No hacen nada –> Se ponen a hacer cosas inservibles —> Crean un problema —> Pasan horas arreglando el problema —> Tras horas perdidas, arreglan el problema —> Se dan importancia por haber arreglado el problema —> Van al jefe y se ponen la medalla dejando con el culo al aire al bueno de Martínez…que se limitó a hacer su trabajo.

Son los periodistas multimierda. La metástasis del profesional. Metástasis porque llevan el cáncer a la redacción y no se van hasta que la redacción ha desaparecido. Cada vez abundan más y lo peor es que los jefes, al verlos tan hiperactivos, los ponen de ejemplo ante el resto de la redacción. Si tal vez estáis reconociendo al sujeto descrito es porque hay otra cosa que no falla: estará a tu lado en la manifestación por la dignidad del periodismo. Él, que tiene un contrato de 4 horas y trabaja 10 jodiendo al que tiene 8. Él, que pasó 8 de esas 10 horas haciendo cosas que el buen profesional haría en 2. Él estará a tu lado poniéndose la pegatina. 

Él se cree que es el verdadero buen profesional.

Hace de todo y todo lo hace mal. Ese es su emblema distintivo. 

Y mientras, el bueno de Martínez ha abandonado la redacción. Le echaron o se fue, harto de ver la colección de medallas del multimierda. El pecado de Martínez fue tener un contrato de 8 horas y trabajar sus 8 horas. El pecado de Martínez fue ser tan eficaz como silencioso. Él hacía bien su trabajo y no le hacía falta ponerse medallas. Le iba en el sueldo. Desde hace años lo hacía y lo hacía bien. Pim pam pum. Otra tarde con los deberes hechos. Se iba a casa y (antes, cuando no le habían recortado el sueldo) se iba a echar una caña con los colegas del gremio.

Yo no soy Martínez pero conozco a los multimierda y también conozco a Martínez. Le tengo a mi lado en la cola del Inem.

Fauna Periodística XIII. El apoltronado, por Juan Luis del Pozo

Es un honor para mi inaugurar el espacio de colaboraciones en el blog con este texto de Juan Luis del Pozo, más conocido en los ámbitos “tuiterianos” como @__Willy_ . Me hace especial ilusión que se trate de un retal más de Fauna Periodísitica y, además, que venga de una persona ajena a mi círculo de amigos. Me explico. No se trata de una colaboración premeditada ni de un favor entre colegas; responde más bien a las ganas de seguir conformando ese mundo paralelo lleno de caricaturas de esta nuestra profesión, un guiño espontáneo que agradezco a Willy y que espero no sea el último.

Pasen y disfruten de una nueva entrega de Fauna. Las loas y los agradecimientos, al autor. 

Es muy raro llegar a verle fuera de su cueva. Se siente mucho más seguro al tener delante la pantalla de un ordenador que sirve de barrera entre su hábitat natural y el resto del mundo que tan solo puede acceder a él a través de las facilidades que hoy nos da internet. Será seguramente el trato con la gente y la posibilidad de que algún rebelde impertinente le formule alguna pregunta incómoda lo que le lleva a un aislamiento social en el que dice vivir perfectamente y no necesitar mucho más.

Todo el mundo lo conoce pero seguramente no por sus apariciones en ruedas de prensa. Es el periodista de sillón. Ése que no levanta el culo de la silla si la ocasión no merece realmente la pena y no le proporciona, de paso, un par de contactos nuevos o la posibilidad de encararse con aquel que osó poner en duda su credibilidad, y lo hace sólo en actos a los que se le invita directa y personalmente; las ruedas de prensa son para el resto, no van con él. La información, más hoy en día, fluye con rapidez y nada se le escapa a nuestro intrépido amigo, que siempre consigue saber lo que tiene que decir sin preocuparse de enterarse realmente y de primera mano de lo ocurrido. Se atreve incluso a sentar ciertas cátedras pues la información veraz no puede, en ningún caso, hacerle perder esa exclusiva que piensa que tiene.

Será quizá ese aislamiento social lo que le hace buscar noticias en muchas ocasiones donde no las hay. Es mejor inventar que contar lo mismo que los demás y su trabajo termina siendo más literario que periodístico para conseguir distraer a sus lectores con retóricas vacías y el afán de maquillar la noticia que copia al compañero de turno. No contento con eso se dedica a colaborar con varios medios lo que hace pensar que estamos ante una fuente de imaginación inagotable que puede convertir la noticia de agencia en tres diferentes y parecer que en cada una se dice una cosa distinta.
Y cuidado, según fuentes oficiales lejos de ir a menos cada día hay más…