Simples zorrones

Mírala cara a cara que es la primera

Mírala cara a cara que es la primera

“Para que digan que eres una periodista de raza, primero tienes que morirte”. Así de contundente se mostraba mi amiga ante la muerte de una compañera de profesión hace unos meses. Cuando te vas al otro barrio, todo son loas, homenajes y buenas palabras. Todo se transforma cuando la palmas. Por ejemplo: si tenías mala hostia, dirán que eras de armas tomar; si eras una mala compañera, dirán que tenías tus cosillas; si te iba más la juerga que a un tonto la leche, dirán que vivías intensamente. Eufemismos que corrigen esos trazos que se salían de la línea, el último favor que te hacen en el mundo de los vivos.

Muchas de esas frases se pronuncian ante el miedo de hablar mal de un muerto; por simple respeto o por miedo a que vuelvas del más allá para aparecerte los viernes a las dos y tres de la mañana y encender la televisión para acojonar al personal; sea por el motivo que sea, lo cierto es que nos cortamos cuando de un fiambre se trata. Y no está mal la costumbre, total, a ti te queda el bollo por comer.

Sin embargo, hay otras sentencias que disfrazan la realidad y que no hace falta que te mueras para que las digan de ti. Esos filtros que ponemos a la vida para suavizarla. Pasa sobre todo con los personajes famosos, como la Duquesa de Alba. El ejemplo me viene al pelo porque ha habido mucha floritura en su adiós mediático, aunque la frase que más me ha gustado ha sido la siguiente: “Se puso el mundo por montera”. Y olé. Una forma castiza de decir que hizo lo que le dio la gana, cosa que no critico en absoluto. Pero piensen en las demás mortales que hacemos lo que nos da la gana. Es bastante poco probable que cuando nos demos la vuelta la gente diga: “Fíjate, cómo se bebe la vida, cómo se pone el mundo por montera”. Más bien tirará a “Esta es un pendón desorejado”. Porque esa es otra. Cuando en la discusión se incluye el elemento masculino, no hay perdón.

Vivimos en un país que aún rinde pleitesía a los títulos nobiliarios, que se pirra por los condes, los duques y las princesas, que ante un mal chiste de Juan Carlos espetan eso de “qué campechano es”, y a otra cosa, mariposa. Tenemos en muy alta estima a quienes pasan de nosotros y juzgamos con extrema dureza a los que nos rodean.

La diferencia entre unas consideraciones y otras reside, simplemente, en el dinero que tengas y la posición social que ocupes. Alguien con poder, con posibles, será siempre admirada por llevar una vida desordenada o fuera de lo común. Puede saltar de flor en flor y de cama en cama – ole por ella- y quedarse en una persona que vive su vida como le da la gana. Tú y yo, que somos de barrio, seremos unos zorrones para siempre. Porque nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto.

Lo que jode es el silencio

jose-luis-coll

Sabiduría popular

Hace poco participé en una charla sobre periodismo y literatura. Allí, preguntada por la independencia de los medios de comunicación, las presiones y la responsabilidad del llamado cuarto poder para con el resto de ciudadanos, contesté a los presentes con un “Hay que saber elegir muy bien las batallas que se libran, porque en un descuido, puedes una perder la guerra”. Sin embargo, por mi forma de ser, tiendo a salir al campo de batalla más de lo necesario; a veces me veo en medio de polémicas sin saber muy bien el motivo, arrastrada por un sentido de la coherencia que muchas veces juega en mi contra. No vengo a dármelas de nada, pero la educación en un colegio de curas ha dejado, entre otras marcas, que me acuerde muy a menudo de eso de “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”.

Entre esas cosas está el silencio, esa forma de otorgar muy a menudo que tenemos para escurrir el bulto y que no se nos vea el plumero. Callarse cuando a un compañero le están arreando hostias por hacer su trabajo; callarse cuando despellejan al de al lado por pensar, exactamente, lo mismo que tú. Callarse como forma de subsistir en un mundo en el que nos prefieren borregos.

Seguro que les ha ocurrido a ustedes, ese momento en el que alguien te aborda, generalmente con cara de admiración, y te suelta: “Ya te leí ayer en tuiter, la polémica con Fulanito… tienes toda la razón y todo mi apoyo”. ¿Me tomas por imbécil? ¿De qué me sirve que me apoyes en la intimidad de un pasillo, a salvo de miradas? ¿De qué me sirve esa palmadita en la espalda si luego callas? A mi lo que me jode no es que no me den la razón, ni que me lleven la contraria, ni que alguien tenga una opinión diametralmente opuesta a la mía. A mí lo que me jode es el silencio. Tenemos muchos huevos para firmar peticiones por internet, criticar al político que duerme a cientos de kilómetros de casa y recetar remedios contra la crisis, la del periodismo y las demás. Pero se vuelven canicas a la hora de la verdad, cuando al que están machacando es al de al lado. A mí, los héroes, sin capa, por favor.

Decía José Luis Coll: “Cuando guardo silencio, intento hacerlo sin ofender”. Y no se me ocurre mejor manera de gritar.

‘El 33’ se lleva un premio

Imagen

Parece que el autobombo es lo que se lleva en este blog últimamente, pero no quiero perder la ocasión de celebrar con vosotros un -humilde- premio literario que me he llevado con un relato, ‘El 33’. Se trata del Primer Certamen de Novela Corta Aldeamayor Golf. Me enteré de rebote,gracias a las redes sociales y a un artista llamado John, de la convocatoria y decidí probar suerte. Ahora comparto con vosotros este viaje que ha merecido el reconocimiento del jurado. Os dejo el archivo- gracias a otro pedazo de ser, Mr. Mediotic– por si tenéis a bien leerlo… y si dejáis un comentario, lo bordamos.

‘El 33’

Nuevas tecnologías, nuevas responsabilidades

(Artículo escrito para elTINTERO )

 

Que los tiempos están cambiando en el mundo del periodismo es algo que no se puede negar; de hecho, el panorama mediático no ha parado de transformarse desde que comencé en esto como simple becaria. Pero ni los cambios están llegando ahora – tal y como parece por la continuas charlas, coloquios y jornadas al respecto- ni van a cesar, pues si hay algo que caracteriza el momento en el que nos encontramos es que todo está en continua evolución.

Huiré del clásico debate de si el papel va a desaparecer o no. No porque ignore que, efectivamente, hay una parte de la profesión verdaderamente preocupada por ello, sino porque me siento realmente incapaz de emitir una opinión sólida… nunca he sido demasiado buena diagnosticando el futuro. En todo caso, conste en acta que desconfío tanto de los agoreros que creen que el mundo se hunde con la celulosa como de los entusiastas de las nuevas tecnologías que desprecian el trabajo aún analógico.

Pero en todo este mar de dudas, sí podemos asegurar que hay un hecho innegable, el de la llegada de las nuevas tecnologías y las redes sociales a nuestro ámbito. Tenemos páginas web, facebook, twitter y demás plazas cibernéticas a disposición de los llamados medios tradicionales, y su uso se ha extendido al máximo, como no podía ser de otra manera. Hasta aquí, no he descubierto nada nuevo, pero considero que en muchas ocasiones, y muy erróneamente, se relegan esos ámbitos de las nuevas tecnologías a un papel meramente presencial y ornamental. Craso error.

Estar presente en las redes no es suficiente; esa irrupción ha de ser coherente con la línea editorial del medio y cuidada, del mismo modo que el trabajo “analógico” es mimado – o debería serlo- hasta que el producto final es digno de aparecer bajo el nombre de nuestro medio. Parir una página web y no cuidar su actualización, apariencia, correcta redacción y adecuado tratamiento de los temas es un error tan garrafal como el que cometen otros muchos dibujando un perfil excesivamente serio o demasiado informal que no case con la idiosincrasia de la empresa.

Estar presente en las redes no es suficiente. Esa irrupción ha de ser coherente con la línea editorial del medio y cuidada

Sé que el problema del que derivan estos lodos es la falta de personal en las redacciones. A duras penas se llega a cubrir la información del día a día como para tener un equipo exclusivo que se encargue de las redes, que sería lo ideal. Pero en este caso no se puede descuidar ese aspecto del negocio periodístico que, entre otras cosas, es la única vía que nos une con una gran parte de la población que ya no compra el periódico o que, al menos, se informa de manera mayoritaria a través de las redes. Se trata, pues, de apostar por una información de calidad en todos los canales en los que el medio esté presente, sin menospreciar ninguno de ellos. Ese descuido llevaría, casi seguro, a la pérdida de un importante volumen de negocio -utilizo esta expresión para los más entusiastas de la pela- o, lo que es más grave, a manchar en un par de clics lo que tantos años ha costado construir: nuestra imagen como medio.

El país de la piruleta

Sean sinceros: ¿cuántas veces al cabo del día preguntan a alguien un “¿qué tal estás?”? ¿Y cuántas de esas respuestas les importa un mojón? No, no cierren aún la ventanita, que no vengo a reprocharles nada. De hecho, no me meteré con esa manía que tiene la gente de hacer preguntas cuyas respuestas se la traen bastante floja, más que nada, porque todos pecamos de ello. Vengo a meterme con las respuestas.

La mayoría de ellas son evasivas, conscientes como somos de que es un mero formalismo al que remite la educación más básica. Casi siempre despachamos el momento con un poco creíble “bien”, acompañado como mucho de un medio encogimiento de hombros. Esa es toda la autocomplacencia que nos permitimos, dejar ver a lo lejos que, aunque es cierto que estamos “bien”, hay cosas que deberían “estar mejor”.

Pero es que yo no valgo para eso. Lo siento. Salvando a los desconocidos, los conocidos que preferirías no conocer y esos a los que no tienes ganas de dar pie para que te lloren sus penas, no puedo mentir. Soy de las que arrugan la cara y hacen gestos raros que no son sino el reflejo de la lucha interna: ¿digo lo jodidamente jodida que me siento o planto un ‘de puta madre’ para salir del paso? Por lo general, no me gusta mentir (salvo cuando mi culo va en ello) y lo de disimular se me da realmente mal. Vamos, lo llevo crudo a la hora de pasar el trago de la preguntita. Muchas veces me reprocho a mi misma esa actitud, que parece que ando todo el día llorando por las esquinas, pero… ¿qué quieren que le haga? Si no me siento bien del todo, pues no puedo decir que esté bien.

¿Y por qué hacerlo? ¿Por qué fingir que vivo en el país de la piruleta? Mucha gente lo hace por aparentar fortaleza, ya saben, esas cosas del tipo “llorar es de débiles” o “sonríe aunque estés cabreada”, que me dijo un día un novio que tuve. Pues miren, no. Me niego a ser un engranaje más de ese optimismo obligado al que nos están arrastrando, como si nos pusieran las orejeras de los burros para no poder ver las orillas llenas de mierda. Las cosas no van bien, cada día pago más por la factura de la luz, la gasolina está a precio de leche de unicornio, el sueldo no se mueve ni con palanca y, para colmo, winter is coming. Vamos, que lo tengo todo, papi.

Ese optimismo que nos quieren imponer no es más que la estrategia de los de arriba para que no miremos hacia atrás y ver lo que ya se ha perdido por el camino. Que sí, que ole la solidaridad en tiempos de crisis, los emprendedores a tope de power y los cursillos de felicidad que te recuerdan que estamos mal, pero que de todo se sale (aunque el problema es cómo saldremos). Esos gurús que te recetan sonrisas y vitalidad cuando tú lo que quieres es un trabajo; los capullos que no hacen más que repetirte que ‘crisis’ en chino también significa ‘oportunidad’… esos se llenan los bolsillos con sus charlas, no se engañen.

A estas alturas del parlamento puede que me hayan tomado por lo que no soy, una cascarrabias que va de un lado a otro protestando por todo… pero tampoco soy la boba que sonríe mientras le pisan los callos. El optimismo barato me repatea el hígado, qué le voy a hacer y, además, hay veces que sí estoy ‘bien’, y lo digo. Tan sólo pretendo que abran los ojos y no se dejen engañar: ni estamos bien ni esto se cura con Coca Cola. Sólo siendo conscientes de dónde nos encontramos seremos capaces de salir del agujero. Y, por favor, si no les interesa la respuesta, no hagan la preguntita…

Me ha picado un mosquito

Hacía tiempo que no me picaba un mosquito. Ya ven que en verano hay escasez de ideas incluso para los blogs. Pero es cierto. Mi pierna izquierda ha sido súbitamente violada, alterado su aspecto primigenio, mordida por una de esas alimañas de tamaño reducido que el común de los mortales se empeña en despreciar y a quienes yo insisto en considerar algo más que un enemigo. Un mosquito ha entrado impúdicamente en mi sacrosanto salón y ha osado picarme, succionar una parte de mí para enriquecer su malnacido metabolismo y dejarme, de regalo, un bonito ronchón. Un mosquito me ha picado un muslo.

Me he dado cuenta poco a poco, que incluso para estas cosas una es un poco lenta. Ha comenzado como un picor inocente ante el que, inconscientemente, mi mano derecha ha acudido en auxilio, uñas afiladas, para aliviar el picor. Pero la muy puñetera sensación de placer, unida a la reaparición del malestar, me ha hecho darme cuenta de que, efectivamente, algo no iba bien. En esos primeros momentos de inquietud, he seguido rascándome hasta recordar el sabio consejo que toda madre nos ha dado alguna vez: “No te (ar)rasques, que es peor”. Así que he tenido que cesar en mi placentera y casi adictiva actividad, en el raca-raca que desemboca cualquier molestia de este tipo.

Es curioso esto de los picores, ¿verdad? Cualquiera diría que el cuerpo está mal diseñado. No es lógico que si algo te pica, y te rascas, pueda ser nocivo, al menos en una escala tan pequeña como la del causante del desasosiego. Pero ocurre, vaya que si ocurre.

No se alarmen, no seguiré explayándome en esto de los escozores, que para eso la publicidad se encarga de dejarnos bien claro cómo pica, dónde pica y, sobre todo, qué hacer cuando aquello arrecia. Por cierto, y con esto termino lo banal del asunto, es curioso que la publicidad sólo hable de picores femeninos, cuando la rascada de huevos o el popularmente conocido como ‘rastrillazo’ es patrimonio exclusivo del hombre.

Pero volviendo a lo de no rascarse. Mucho hemos interiorizado aquellos consejos-órdenes que nos daban nuestras madres. No se me ocurre momento en el que más picores, y picotazos, estemos sufriendo en nuestras carnes. Desde ese púlpito nuestro de cada viernes, con esos aguijonazos envueltos en traje de marca, hasta las banderillas que a muchos nos ponen en el día a día. Todos ellos son resistidos estoicamente sin decir ‘ni mu’, no sea que aquello se irrite y luego haya que amputar. Al igual que nos ocurría en la infancia, el primer momento lo marca la rebeldía. ¿Por qué he de callar ante una desigualdad, una injusticia o una estupidez manifiesta? Y ahí te vas, con tu after bite por montera, pensando que tú solita vas a arreglar el mundo. Alma de cántaro… matar mosquitos a soplidos, que no podemos ni hablar de cañonazos.

Y después de ese primer aguijonazo, vienen otros: pequeños y redondos, de esos que se pasan en dos días; ronchones de talla ensaimada, que de pura vergüenza escondes y disimulas; los pequeñitos y seguidos -piqui-piqui-piqui- que te machacan toda una pierna en un festín que alguna chinche se ha dado a tu costa… Aprendes entonces lo de callarse y aguantar el picor, lamiéndote las heridas, como mucho, en privado. Comprendes que lo de rascarse es patrimonio exclusivo del picador que, con sombrero o sin él, dedica su vida a hacerte la faena. Y te olvidas de la picadura hasta el siguiente mordisco.

Lo dicho… que me ha picado un mosquito.

Best Blog Award… y otros chicos del montón

He tardado en escribir esta entrada, en parte, por mi innata capacidad para procrastinar de forma impenitente. Pero creo que también había una parte de humildad mal entendida, esa “cosica” que te da cuando alguien alaba algo que has hecho y que tú, entonces, empeñas en quitar mérito.

best-blogDos personas han considerado a este rinconcito digno de lucir un Best Blog Award, una distinción que corre de bitácora en bitácora y que otorgan los propios blogueros. Mi amigo del alma, compañero de resacas, salmantino aleonado al que tanto debo, Miguel Ángel Lamas, es uno de ellos. La otra es Leticia Poncelas cuyo blog descubrí, precisamente, gracias a Lamas.

Cuando recibes esta distinción, has de contestar a una serie de preguntas, así que pasemos a la acción:

1.- Nombrar a quien te dio el premio

Ya he hecho las presentaciones, pero hay que ir un poco más allá. El blog de Lamas es el rincón de la cordura. Fiel a su forma de ser -pausado, calmo, templado en ademanes y reacciones- nos presenta sus reflexiones sobre el día a día y, cómo no, sobre el periodismo. Como todo lo que ha hecho, hace y hará, me gusta, pero en esta ocasión lo valoro especialmente: se trata de un proyecto nacido del agobio de la nada, de esa inactividad a la que le han apartado -de momento, seguro- la gente que menos entiende de nuestra profesión. Un gustazo leerlo, vaya.

En segundo lugar he de hablar de SOS Desempleados. Lo primero que me llamó la atención fue el compromiso de la autora por escribir en él todos los días. A mi me cuesta reconocer en la cotidianidad temas sobre los que reflexionar, por lo que una persona que asume y cumple  con su cita cada 24 horas merece, de entrada, mi alabanza. Pero es que además, Leticia se presenta en su blog desnuda, descarnada, con la rabia y, a veces también, la resignación de quien está en el paro, que no parada. Sus historias y reflexiones, con las que no siempre estoy de acuerdo -ni falta que hace-, siempre mueven por dentro, atacan de frente, encaran la realidad sin tapujos. Y a mi, todo lo que sea bruto, puro y sin pulir, me gusta.

2.- Responder a once preguntas

  • ¿Por qué tienes un blog?

Por cabreo con el mundo. Empecé a escribir en portales ajenos y blogs de conocidos mis reflexiones, en torno al periodismo la mayoría de ellas. Comencé a darme cuenta de que, si bien muchas de esas realidades no iba a poder cambiarlas, sí al menos podría reflexionar y, por qué no, desahogarme poniéndolo negro sobre blanco. Pero las ganas y el material no eran suficientes (¿he dicho ya lo de la procrastinación?) así que necesité un empujoncito…

  • ¿Quién te inspiró a empezar en este mundo?

El encargado de ponerme frente al ordenador y parir de vez en cuando unas letras fue el señor Rubén Negro, abulense de pro con una larga trayectoria en esto de los blogs (luego os los recomiendo). Sin él, sin su constante pregunta “¿Cuándo vas a abrir el blog?” cada vez que me pasaba por su mesa a compartir unas gominolas, cotillear o, simplemente, hablar sobre el tiempo, esto no existiría.

  • ¿Qué te inspira a la hora de escribir?

La fauna que me rodea… y mi mala hostia. Miro a mí alrededor, a quienes se manejan en el mundo del periodismo con malas artes, y no puedo por menos que despiezarles con este bisturí que son las palabras. Claro, que el resto del universo también me lo pone bastante fácil a la hora de arrastrarme hasta la silla frente al ordenador. Como dijo un profesor universitario al que conocí fugazmente, “Ya que te van a dar, pide vaselina”. Y mi vaselina es el blog.

  • ¿Qué es lo más difícil a la hora de poner en marcha?

Hay de todo: desde el miedo escénico de pensar que al mundo le importa un carajo lo que escribas -que es muy cierto- hasta la vagancia que mantiene mi culo pegado al sofá. Pero hay algo que me asusta más que todo eso, que me ata más fuertemente las manos a la hora de escribir algo, y es mi escasa capacidad para ver en cualquier rinconcito un motivo para escribir. Seguiré intentándolo y, sobre todo, aprendiendo de los blogs que sigo y que voy descubriendo poco a poco.

  • ¿Cuál ha sido el mejor momento que has vivido en el blog?

20120615_183219Mantenía en secreto, más o menos, lo que a continuación voy a compartir. Ha pasado ya un año desde que el sector del carbón comenzara a revolverse (ya casi) en su tumba. Comencé a ver entonces,  a parte de las movilizaciones y protestas de los mineros, un sinfín de reflexiones estúpidas venidas, en su mayoría, de gente que ni ha pisado ni pisará jamás, ya no digo una mina, sino la provincia de León. Me indignaba que gente ajena totalmente al conflicto, prejuzgando de oídas, se atreviera a hacer valoraciones estúpidas, simplistas y egoístas haciendo hincapié muchas veces en las altas jubilaciones o las subvenciones que recibe el sector. Y me cabreé especialmente. De aquella frustración y mala leche nació una de las entradas de las que más orgullosa me siento: Benditas Piedras. El texto acabó, para mi sorpresa y orgullo, a las puertas de la mina de Santa Cruz del Sil, llevada hasta allí por otro de esos periodistas de raza obligados al dique seco. Fue un honor que consideraran aquella entrada, escrita desde Valladolid por alguien que no conoce la mina, digna de acompañar sus días de encierro y protesta.

  • ¿Qué prefieres, salir a comer o a cenar?

A desayunar.

  • Última película que te haya impactado y que recomiendas.

No es que la haya visto por primera vez hace poco (debe de ser como la decimoquinta vez que me pego al televisor por su culpa) pero El gran dictador, de Chaplin, es mi recomendación. Sirve para todo: pasar un buen rato, reírse, llorar, indignarse… y, sobre todo, darse cuenta de que el ser humano no ha cambiado tanto. Y si no queréis verla entera (¡malditos!) por lo menos buscad el discurso final. Salud.

  • Mejor estación del año

Verano. Calor. Torramiento.

  • Un destino favorito para descansar.

Si hablamos de descansar y desconectar, tengo que decir Soto de Valderrueda, el pueblito de mi camarada Clara Saavedra que es ya, y con su permiso, un poquito mío también.

  • Si pudieras ser un animal, serías…

Pues aunque mi animal favorito es el perro, he de decir que me muero por volar. Así que un ave… un pato, probablemente, que son bien majetes.

  • Alguna confesión prohibida que quieras confesar

En realidad soy rubia platino; me tiño para que me toméis más en serio.

3.- Decir once cosas sobre ti

  • De pequeña quería ser cantante. Afortunadamente, me di cuenta que para eso, por lo menos en mi época, había que saber cantar. Lo descarté y me empeñé en ser actriz. Obviamente, no lo conseguí.
  • Elegí el periodismo después de descartar Arte Dramático (obligada), Filología Inglesa (menos mal…) e Historia del Arte. Ni me preguntéis por qué acabé donde acabé, que ni yo misma lo sé.
  • Me gustan de forma desaforada las fresas. Mi madre me las racionaba de pequeña. Mi récord está en dos kilos de una sentada.
  • A los doce años descubrí a Los Beatles y desde entonces mantengo un idilio ininterrumpido con John, Paul y George. A Ringo le dejo mirar porque es muy salao.
  • Después vino Sabina y fue mi perdición. En todos los sentidos.
  • Fui ochomesina, para dejar claro desde el principio que las cosas se hacían a mi manera.
  • Prefiero el cine clásico al de ahora, sin ningún género de dudas. Puedo verme Doctor Zhivago un número aún no calculado de veces, soy fan de la señorita Escarlata, me pirra el bigotito de Errol y, si pudiera, bailaría hasta el infinito con Gene Kelly.
  • Nunca me gustó la prensa escrita, no me veía capaz de trabajar en un periódico. Hasta que lo caté… ahora lo echo de menos de forma casi enfermiza. Mi otra pasión, la radio, aún me espera con el micro calentito. Volveré.
  • Si me tocara la lotería, el euromillón o algo de eso, me pasaría mis días viajando, como Willy Fogg apostador.
  • ¿Un poquito de literatura? Me pirra el teatro, así que de pequeña me gastaba las propinas en libros de obras. Una vez una profesora  me dijo que eso iba contra natura, que el teatro está hecho para verlo, no para leerlo… Y yo pensé que el jabón también estaba para usarlo y ella hacía décadas que no tocaba uno. Empate. Que se duche y luego hablamos. Os recomiendo el último libro que me he leído y sin rencores, ¿ok? Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender.
  • Espero no haberos aburrido porque es otra de las cosas que me dan más pánico. Decepcionar a la gente.

4.- Conceder el premio a otros once blogs con menos de 200 seguidores (Nota de la autora: si tienen más, me la bufa, como dice un compañero de redacción)

  • Obviamente, los blogs de Lamas  y de Leticia.
  • Trapseia.com: uno de los rincones, el más personal, de Rubén Negro. Tan personal, tan personal que a veces ni me entero de lo que cuenta. Pero por eso me gusta, porque me abre los ojos a otras formas de expresarse, otras realidades, otros puntos de vista que hasta ahora ni había imaginado.
  • En mal estado: Pablo Garcinuño despierta en mi una terrible envidia (aún no sé si sana o no). Ve historias donde los demás vemos simplicidad y monotonía. Y luego está el cómo, la forma que tiene de modelar las palabras, los tiempos y las imágenes. Arte, oiga usté.
  • Los 4 Palos. Dan ganas de vivir en Ávila sólo para poder leerlo con mayor conocimiento de causa. Y no son pataletas, no. Lo de estos cuatro muchachos es análisis, reflexión, rebeldía y un puntito de mala leche… ingredientes que empiezan a escasear en los medios y que, como es el caso, hay que buscarlos en la red.
  • De chotis y bocata de calamares: estoy enamorada profundamente de esta mujer, Lidia Cossio. Escribe tal cual es, con un aplomo, sinceridad y desparpajo que asusta. Si quieres ver el lado tragicómico de la vida, ella es tu mujer. Y si lo que quieres es flipar con sus ocurrencias, también.
  • Macarena Márquez Blog: tú vida no está completa hasta que no conoces a Macarena, preferiblemente en persona. Su personalidad es tan arrolladora y llena de vitalidad que hablar con ella es un chute de optimismo. Me apasiona la capacidad de asombro que aún conserva, su sinceridad aplastante y, cómo no, todo lo que escribe y pinta. Una artista de los pies a la cabeza.
  • La cocina del elefante: forma parte de esa nueva hornada de periodistas que están a punto de saltar a la realidad de los medios y que vienen más preparados que nunca. Me encanta leerlos y, en este caso, además, me suelo identificar con sus reflexiones. Será una gran periodista.
  • Mil momentos de comunicación. Otra de esas periodistas a punto de saltar al ruedo. He de reconocer que algo así como mi ojito derecho bloguero. ¿Que por qué? Sus ganas, su desparpajo, su empeño en llegar al final en todo lo que hace… será otra grande. Una última cosa, si les interesa el periodismo de datos, esta es su chica.
  • La veda abierta. Él (Gonzo) es mi moderno favorito, mi locuelo casi pasado de rosca, mi lector más agradecido y un tío cojonudo. Le conocí cuando él estaba de prácticas y creo que tiene en su haber los tuits más graciosos y cubistas de mi TL. ¡Ole mi modern!
  • Cuentos maradonianos. Por alguna extraña razón, este ser humano escribe muy poco en su blog. Me extraña y me jode a partes iguales porque lo que cuenta es genial e ingenioso al 50%. Animad al señor Manzaniano a hincar más la pluma.

5.- ATENCIÓN: PUTADA. Se supone que ahora debéis hacer lo mismo que he hecho yo en vuestros blogs. ¡No contábais con mi astucia!

6.- Seguir al blog que te ha dado el premio.

Lo traía hecho de casa.

7.- Informar a los blogs a los que les das el premio.

Buf… take it easy,..