Fauna periodística XXXI: Los dinosaurios

¡Tú no periodista!

¡Tú no periodista!

Parece mentira que aún sigan ahí sentados. Con sus culos al calor de un trabajo que un día merecieron. Con la nariz metida en el ordenador esperando que las noticias salgan a través de ese cable que les mantiene unidos al mundo. Parece mentira, con la cantidad de periodistas hambrientos que hay, ávidos por hincarle el colmillo a una noticia, una buena historia que ellos maltratarán porque ya no saben de qué va esto. Parece mentira que ahora, cuando la profesión necesita ese empuje que le dan las ganas de contar cosas, las redacciones mantengan buches que se llenan con palabras al peso. Parece mentira que haya tantos estómagos agradecidos cuando hay tantos otros vacíos deseando llenarse de historias aún por contar. Son los dinosaurios que se empeñan en no avanzar con la manada, si es que aún queda de eso.

Hacen lo justo, lo necesario para llenar de letras, a veces sin sentido alguno, una página, unos minutos. Quizás una vez sintieron el pellizco de la profesión, quizás hubo un tiempo en que sí se merecieron el puesto. Quizás, si rascamos, encontremos bajo la gruesa capa de indolencia que ahora les abriga a un periodista ávido por cumplir con el simple cometido que nos encomienda el lector o el oyente. Pero todo eso se perdió por un camino en el que se dejaron dominar, se dejaron acariciar el lomo, se dejaron querer por amores mal entendidos.

Los dinosaurios de ahora tienen mucho en común con el renegado, ese periodista que se cansó de luchar, que vino a la profesión a contar lo que ocurre y que fueron sustituidos por otros más cercanos al poder, más cómodos, más fáciles de meter en vereda. La diferencia es que éstos aún son conscientes de la jugarreta, mientras que los dinosaurios viven en su burbuja pensando que el oficio es tal y como ellos lo conciben, con ningún remordimiento, con ninguna gana de cambiar porque para ellos, quienes han de darse la vuelta son los demás.

Ni siquiera han sabido jugar bien sus cartas para convertirse en esos que un día fueron periodistas y que ahora son más trajes inertes con una agenda apretada. No, no han sabido moverse entre el fango, pero no por falta de ambición… quizás por falta de talento.

Es muy probable que sean de los que se callan como putas, de los que prefieren guardar silencio para guardar bien su espalda, a los que los problemas de los compañeros les resbala y por omisión pecan con la misma frialdad que quien te clava el puñal por la espalda.

Hay demasiada agua estancada en las redacciones, viejas glorias que ni quieren seguir con el periodismo ni podrían hacerlo en caso de echarle más ganas. No son inútiles, no se engañen, son culos agradecidos que aprendieron el camino más corto y más fácil para hacer su trabajo. Son dinosaurios y, desgraciadamente, sólo un meteorito acabará con ellos.

Anuncios